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La otra cara de... Rocío Jurado

Cleopatra

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18 de mayo de 1974/AGUSTÍN TRIALASOS VELASCO/DIEZ MINUTOS

Cleopatra-Jurado, sobre la arena, imita la postura de la Esfinge.

Cleopatra-Jurado, sobre la arena, imita la postura de la Esfinge.

Alejandría, cincuenta y cinco años antes de Jesucristo. —No hacía mucho que Cleopatra había cumplido los quince años cuando conoció a Antonio, el hijo de Pompeyo, un coronel de Caballería con fama de ser tan seductor como un Dionisio redivivo. Aquella noche, aunque él no la hubiera dicho que era Afrodita, o su pariente más próxima, ella lo hubiera amado y deseado lo mismo, a pesar de que la disgustaba vivamente aquella insolencia en el mirar y una cierta vulgaridad que se transparentaba a través de su porte majestuoso. Y, claro, se amaron. Después, Antonio regresó a Roma y contrajo matrimonio con Fulvia por necesidades políticas; sin embargo, algún día no lejano se decidiría a ir a sacar a esa reina de leyenda de la arrogante independencia en que se encastillaba, porque el pensamiento de Cleopatra y Egipto no le abandonó.

Tarso, arios más tarde. —Aquella ciudad, la que se enorgullecía de producir tantos filósofos como Roma, Atenas y Alejandría juntas, iba a ser el marco elegido para el reencuentro de Antonio y Cleopatra. La reina llegó en una nave dorada con amplia vela de púrpura que se deslizaba lentamente. Cleopatra iba sentada bajo un dosel de brocado en seda del que salían bandadas de palomas blancas. Marco Antonio, al verla, no pudo menos que exclamar: «¡Realmente es Afrodita!». Cleopatra, pretextando que el viaje la había causado cierto cansancio, invitó a Antonio a pasar al barco, donde había dispuesto una esplendida fiesta, a través de la cual desplegó tanta fuerza de seducción que el romano quedó encadenado en las redes de la reina de Egipto para siempre. Allí, en el transcurso de esa bacanal, fue donde Cleopatra disolvió en vinagre una perla de las que llevaba en sus orejas, valorada en diez millones de sextercios, bebiéndosela a continuación...

Siria, cuarenta años antes de Jesucristo. —Muerta Fulvia, Antonio contrajo nuevo matrimonio con Octavia, y tras una tremenda derrota se refugió en Siria, donde se le unió Cleopatra, yéndose ambos después a vivir a Alejandría, no separándose ya jamás, aunque tampoco contrajeron matrimonio tras el repudio de Antonio a Octavia. El 2 de septiembre del año 31 antes de Jesucristo, en el golfo de Ambracia, cerca de la ciudad de Accio, la nave de Cleopatra hacía un extraño viraje y el resto de las embarcaciones egipcias la siguieron, resolviendo así la derrota en la batalla naval que libraban contra Octavio. Poco después Antonio se hacía matar por un esclavo, creyendo que la reina se había suicidado anteriormente, aunque su muerte fue lo suficientemente lenta como para ser conducido hasta Cleopatra y morir en sus brazos. La reina moría a continuación a causa de la mordedura de un áspid. Y los dos amantes fueron enterrados juntos.

Chipiona, mayo de 1974 después de Jesucristo. —La cantante española Rocío Jurado nos ha mostrado para nuestros lectores «su otra cara», que es precisamente la de la famosa Cleopatra VII, con la que se identifica en belleza (¡no hay más que ver las fotos!), en su carácter suave y fuerte a la vez, en su poder de seducción, en lo mucho que amó, en los riesgos ante los que no se arredró para lograr sus objetivos y en lo serena que fue tanto en las derrotas como en las victorias. Por otro lado, ambas también son comparables en la diferenciación que han sabido mantener entre sus vidas privadas y sus destinos «de oficio».

2 COMENTARIOS

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  • 2 DE NOVIEMBRE DE 2014

    Bella por dentro y por fuera. ¡Única!

  • 27 DE JULIO DE 2014

    ¡Fotazos! Rocío como nunca se ve. Que guapa, ¡¡madre mía!!

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