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La nueva casa de Rocío Jurado

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23 de marzo de 1974/AGUSTÍN TRIALASOS VELASCO/DIEZ MINUTOS

Rocío Jurado, en la playa de Regla, la zona residencial de Chipiona donde está terminando de construirse una gran mansión.

Rocío Jurado, en la playa de Regla, la zona residencial de Chipiona donde está terminando de construirse una gran mansión.

Aprovechando el mes de descanso que ha tenido que seguir por prescripción facultativa, a su regreso de México y Venezuela, Rocío Jurado ha dedicado gran parte de este tiempo «ocioso» en supervisar la puesta a punto de una casa que se compró recientemente en su Chipiona natal. Y, tras las reformas que se hicieron en un principio, ahora Rocío ha estado eligiendo los tonos y dibujos del empapelado, las cortinas, el mobiliario general, los cuadros, etcétera. La casa, situada en la zona residencial de la playa de Regla, es una auténtica mansión, y consta de ocho dormitorios, siete cuartos de baño, cocina, «office», lavadero, cuarto de la plancha, salón-comedor, trastero y garaje, más un pequeño apartamento para el chófer, en el jardín, con dormitorio, baño y perrera. ¡Casi «ná»!...

—¿Y para qué tanto, Rocío?

—Bueno, digamos que es un poco una inversión y otro poco las ganas que yo tenía de tener una buena casa en Chipiona, ya que las de mis padres, en donde yo nací, era un tanto anticuada y no tenía demasiadas comodidades; por lo que respecta a la amplitud, debes tener en cuenta que cinco dormitorios los necesitamos la familia (abuelos, madre, hermana, hermano y yo), aparte de que mi hermana tiene novio y en un momento dado podemos tener invitados durante el verano.

—¿Con esta casa quiere decir que se va al traste tu idea de hacerte construir un chalet en las cercanías de Madrid?

—¡No, qué va! Este mismo año tengo el proyecto de empezar a construirme el chalet. El emplazamiento aún no lo sé, porque he estado viendo varios sitios y aún no he decidido cuál, aunque me inclino por unos terrenos que me ha enseñado mi arquitecto en Somosaguas.

—¿Qué harás, entonces, con tu piso madrileño?

—No lo sé. Puede que lo alquile, que lo venda o ¡qué se yo...! No me gustaría venderlo, porque le tengo mucho cariño, aparte de que bien dice el refrán de que «quien vende, deshereda». A este respecto te diré que soy muy especial y, por ejemplo, mis trajes de artista no los vendo nunca y sólo he regalado tres, porque les hacía verdadera falta a quienes se los di. Y conste que no soy tacaña en absoluto, sino, por el contrario, muy desprendida; pero mis cosas de faena» son parte de mi vida, de mi historia y de mis sudores.

—Rocío, lo que veo es mucha casa y poca boda, ¿no?

—La boda vendrá, a lo mejor, por añadidura. Pensarás que estoy poniendo antes la tinaja que el olivar...

—¡Tampoco es eso, mujer!, pero, ¿acaso te asusta el matrimonio o es que te cuesta mucho la decisión de pasar de novia a esposa?

—Categóricamente puedo decirte que no me asusta el matrimonio, y que la decisión de pasar o no pasar de soltera a casada no han sido motivadas por indecisión ni por miedo, sino por otra serie de causas que han sucedido, pero que no -estoy dispuesta a airear en la prensa. Por tanto, cortamos este asunto aquí y tú pon si quieres en tu revista que lo que ocurre es que estoy enamorada de mí misma; pero, ¡a ver cómo lo pones, que luego hay gente que no sabe leer la guasa con que una determinada cosa se dice..!

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