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Rocío Jurado, de vacaciones en Chipiona, su pueblo natal

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1 de enero de 1982/FIEL/LECTURAS

Rocío Jurado va cada tarde al santuario de la Virgen de Regla, la patrona de Chipiona, a la que tiene mucha devoción.

Rocío Jurado va cada tarde al santuario de la Virgen de Regla, la patrona de Chipiona, a la que tiene mucha devoción.

Nos fuimos a Chipiona con Rocío Jurado. La cantante ha decidido tomarse unos días de descanso antes de iniciar su acostumbrada gira artística por toda España y pensó que el mejor lugar para pasar sus cortas vacaciones era su pueblo natal.

«Siempre que puedo vengo aquí porque es donde realmente tengo oportunidad de descansar y divertirme. En Chipiona hay mucho ambiente en esta época del año y yo tengo muchos familiares y amigos con los que pasar buenos ratos.»

Rocío tiene un bonito chalet en una de las calles céntricas de la localidad, que lleva el nombre de «Mi abuela Rocío». Este verano la casa estará muy solicitada ya que todos los componentes de la familia Jurado acudirán allí para pasar sus vacaciones. Rocío, de momento, está sola pero se espera la llegada de su hija y de su marido, Pedro Carrasco. La que sí estaba era su hermana Gloria, la cual acaba de ser madre de una niña, por la que la cantante siente especial predilección. Rocío pasa largas horas con la pequeña y su postura nos pareció sumamente maternal.

—Rocío, ¿cuándo nos vas a dar la sorpresa de otro hijo?

—Pues no lo sé. A mí me gustaría decirte que dentro de unos días, unos meses... pero eso no se puede saber. A mí me encantan los niños y tengo muchas ganas de tener otro, pero ¿cuándo?, eso sólo lo sabe Dios.

«Me gusta ir al mercado»

El primer día de vacaciones lo aprovechó Rocío para ir al rastrillo de los gitanos, un pequeño mercadillo que se pone una vez a la semana, donde compró una telas y una serie de productos y utensilios para el hogar.

«Como cualquier ama de casa, cuando tengo tiempo me gusta venir al rastrillo a comprar. Aquí las cosas son mucho más baratas que en las tiendas y yo, al igual que otras mujeres, tengo que mirar por mi casa y llevar la contabilidad.»

—¿Te gusta encargarte de la administración y las compras de la casa?

—Me encanta todo lo que tenga una relación directa con el hogar y la pena es que mi trabajo no me deje ocuparme más tiempo de él. Sin embargo, cuando puedo, me gusta ir al mercado y hacer yo personalmente la compra.

—¿Cuánto tiempo piensas quedarte en Chipiona?

—Aproximadamente dos semanas, ya que enseguida empiezo con las galas. Este verano va a ser de lo más movidito porque tengo todo el mes de agosto repleto de actuaciones.

—Corre el rumor de que te has enfadado con Pedro Gordillo, tu representante, y que muy posiblemente dejes de trabajar con él. ¿Qué hay de cierto en todo esto?

—El rumor no va mal encaminado. De momento estamos en conversaciones y todavía no lo sé seguro pero quizá cambie de representante. Por lo pronto, este verano Paco seguirá trabajando conmigo, luego ya se verá.

—¿Y en el caso de que rompáis definitivamente, quién le sustituirá?

—No tengo ni la más mínima idea. Eso es algo que tengo que pensar muy detenidamente.

Rocío Jurado no se muestra muy dispuesta a seguir hablando sobre los problemas de trabajo durante su tiempo de ocio y se justifica diciendo: «Estas son las únicas vacaciones que voy a tener en todo el año y me he propuesto olvidarme de todo mientras duren».

«Mi único abuelo»

Aparte de las labores propias del hogar, la cantante suele ir todas las mañanas a la playa, luego le gusta dar largos paseos por el pueblo, visitar a los amigos y por las tardes no deja ni un solo día de acudir al Santuario de la Virgen de Regla, la patrona de Chipiona, a la cual no para de halagar.

«Ella es mi faro y mi guía. Es la Virgen más milagrosa que hay en el mundo y yo le debo mucho.»

—Tú le tienes una gran devoción.

—Sí, porque de una forma u otra siempre me ha servido cada vez que la he pedido algo, cada vez que la he rogado para que me echará una mano. En una ocasión incluso me salvó la vida.

—¿Y eso?

—Eran unos meses antes de que yo me casara con Pedro. De buenas a primeras me puse enferma y los médicos no daban con la enfermedad. Estuve a punto de morirme, pero, de la misma manera que me vino la enfermedad, se me quitó, sin explicación alguna. Me vieron médicos de todo el mundo y ninguno supo decirme lo que me había pasado, sólo repetían una y otra vez que parecía un milagro y yo creo que algo de eso hubo porque en el hospital todos me daban ya por muerta.

Tras abandonar el santuario, nos fuimos con Rocío a visitar a su abuelo, Antonio Jurado Jurado.

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